lunes, 23 de marzo de 2009

ENTIERRO DE UN REY ESCITA


Las sepulturas de los reyes están en el territorio de los gerros, el lugar asta donde es navegable el Boristenes. Cuando se les muere el rey, abren una gran fosa cuadrada; y cuando la tienen lista, toman el cadáver, el cual tiene el cuerpo cerrado, y el vientre antes abierto y limpiad, lleno de juncia manchada, de incienso, de semilla de perejil y de anís, y cosido de nuevo lo transportan en carro a otro pueblo. Los que reciben el cadáver transportado hacen lo mismo que los escitas reales: se cortan un pedazo de la oreja, se rapan el pelo, se hacen cortes alrededor de los brazos, se desgarran la frente y narices, y se traspasan la mano izquierda con sus saetas. Desde allí transportan el cadáver del rey hasta otro pueblo de su dominio, y le acompañan los escitas que fueron los primeros en recibirlos. Después de recorrer todos los pueblos transportando el cadáver, se encuentran entre los gerros, establecidos en el más remoto de los territorios de su dominio, en el lugar de la sepultura. Luego, una vez colocado el cadáver en su tumba, sobre un lecho, clavan a uno y a otro lado del cadáver unas lanzas y sobre ellas tienden maderas que luego cubren con cañizo de mimbres. En el amplio espacio restante de la tumba entierran a una de sus concubinas, a la que han estrangulado, como también a su coopero, su cocinero su caballerizo, su criado, su recadero, sus caballos, primicias de toda las cosas, y unas copas de oro, pues no unan para nada plata y bronce. Hecho esto, todos amontonan tierra para formar un gran túmulo, empeñados a porfía en hacerlo lo mas grande posible.
Al cabo de un año hacen lo siguiente. Toman lo más íntimos de los demás servidores “los cuales son escitas de nacimiento, pues sirven al rey los que él ordena, no habiendo entre ellos servidores comprados con dinero”. De estos criados estrangulan cincuenta y juntamente cincuenta caballos de los más hermosos, y vacían y limpian a todos el vientre, lo llenan de paja y lo cosen. Fijan medio aro boca abajo sobre dos palos, y el otro medio aro sobre otros dos, clavando asin otros muchos. Luego, meten un palo grueso a lo largo de cada caballo hasta el pescuezo, y los suben sobre los aros; los primeros aros sostienen los hombros, y los posteriores el vientre, por los músculos; las patas delanteras y traseras quedan suspendidas; ponen a los caballos freno y brida y los tiende hacia delante, atándolos a un palo. Suben a cada uno de los cincuenta mancebos que han estrangulado sobre un caballo, y lo suben de este modo; metiendo a cada cadáver un palo por el espinazo hasta el cuello; clavan lo que sobresale por debajo del cuerpo, en un agujero del otro palo, el que atraviesa el caballo. Después de haber colocado alrededor de la tumba semejantes jinetes, se retiran.
Así sepultaban a los reyes; a los demás escitas cuando mueren, los parientes mas cercanos les ponen en un carro y les llevan por las casas de sus amigos. Cada uno de estos reciben con un convite a la comitiva, y sirven al muerto todo los manjares, igual que a los demás; los particulares son llevados casi cuarenta días y al cabo reciben sepultura. Después de sepultarles, los escitas se purifican de esta manera: primero se untan y lavan; y después proceden casi por lo que toca el cuerpo: plantan tres palos cuya puntas se unen; alrededor de ellos tienden fieltros de lana y, apretándolas lo mas que puedan, meten unas piedras hechas ascuas en una pila colocada en medio de los palos y fieltros.

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